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Messner en la cima del Nanga Parbat

Reinhold Messner y la larga sombra del Nanga Parbat

Reportajes · 17/08/2017

En 1970, Reinhold Messner y su hermano Günther se convirtieron en los primeros alpinistas en alcanzar la cima del Nanga Parbat por la cara Rupal, que con sus 4.600 metros de desnivel es la mayor pared del mundo. Sin embargo, fue una victoria muy amarga. Günther perdió la vida en el descenso y Reinhold vio como a su alrededor crecía la sombra de una duda que le perseguiría durante 35 años: la de ser el hombre que abandonó a su hermano a la muerte a cambio de hacer cima.

Se suele decir que el Everest es el ochomil de los ingleses, el Annapurna el de los franceses, el K2 el de los italianos, el Manaslu el de los japoneses… Pero si hay una montaña que se haya identificado con un país, desde antes incluso de que alguno de sus ciudadanos posara un pie sobre ella, esa es sin duda el Nanga Parbat (8.125 metros), la “montaña del destino de los alemanes”.

Alemania comenzó su asedio al Nanga a principios de los años treinta, después de rondar al Kangchenjunga en un par de ocasiones y de decidir que se trataba de un objetivo demasiado ambicioso. En el Kangchenjunga, al parecer, terminó cualquier voluntad de reflexión por parte de los alpinistas germanos; en el Nanga sería todo obstinación, tozudez y sacrificio fanático. Al acabar la década se habían perdido 31 vidas en cinco expediciones alemanas al la montaña, sin que nadie hubiera conseguido acercarse siquiera a la cima

Debieron esperar hasta 1953 para resarcirse. Lo lograron por el mismo sitio donde tanto empeño habían puesto: la cara Rakhiot. Allí, en el transcurso de una expedición dirigida por el enigmático y autoritario Karl Maria Herrligkoffer, el alpinista Hermman Buhl se convirtió en leyenda al protagonizar una “escapada” en solitario de 1.300 metros y 41 horas de duración que le llevaría a convertirse en la única persona que ha alcanzado la cumbre virgen de un ochomil en solitario. Alemania estaba pletórica, por fin tenía su ochomil. Claro que Herman Buhl era austriaco

Por si pudiera quedar alguna duda de que la montaña les pertenecía, los alemanes volvieron al Nanga una y otra vez durante las dos décadas siguientes. Estaban decididos a ser los primeros en doblegar cada una de sus caras. Herrligkoffer, obsesionado con esta montaña, organizaría en total ocho expediciones. En 1962, otra vez bajo su mando, tres alpinistas alcanzaron la cumbre escalando por la vertiente Diamir. La vía que utlizaron, la Kinshofer, discurre por un espolón en el lado izquierdo de la pared, a resguardo de las constantes avalanchas que barren el centro de la Diamir. Hoy es considerada la vía normal del Nanga. Después de aquello ya sólo quedaba una pared por conquistar en el Nanga, la Rupal, que con un desarrollo vertical de 4.600 metros es la mayor pared de la Tierra. A mediados de los años sesenta, aquel era un reto de otra época.

El gran Hermman Buhl.

Los hermanos Messner

Reinhold Messner llevaba llamando la atención del mundillo alpino desde principios de los años sesenta. En los Dolomitas, cerca de su Bresanona natal, protagonizó algunas escaladas en roca lo bastante impresionantes como para que alguien se fijase en él y lo invitara a una expedición a los Andes. Allí, en el Yerupajá (6.635 metros), el joven Messner, de 24 años de edad, aprovecharía la oportunidad que se le había brindado para demostrar que el hielo y la nieve, igual que la roca, guardaban pocos secretos para él. Para 1970 se había ganado la reputación de ser uno de los mejores escaladores de Europa, así que Herrligkoffer le invitó a participar en la cuarta expedición que organizaba a la cara Rupal del Nanga, que partiría ese mismo año. En el último momento, además, una baja en el equipo permitió que su hermano Günther, con el que Messner escalaba habitualmente cerca de casa, se incorporase a la partida.

Todos los que conocieron a Reinhold y a Günther afirmaban que ambos hermanos eran inseparables. Los detractores de Messner objetan que en realidad se trataba de una relación desigual en la que Günther servía a su idolatrado hermano mayor y este se aprovechaba de ello. Messner y sus partidarios lo niegan y afirman que, simplemente, eran los mejores amigos y que su relación fue siempre justa. En cualquier caso, se trataba de un vínculo bastante excluyente; durante aquella expedición de 1970 ambos hermanos trabajaron siempre juntos, codo con codo, pero hicieron más bien poco por integrarse en el grupo.

Günther y Reinhold durante la expedición.

Herliggkoffer, a quien Reinhold sacaba de sus casillas, reconocía sin embargo que el italiano era, de lejos, el mejor alpinista del grupo. Messner, que nunca ha sido un tipo humilde, compartía su opinión y probablemente pecara de arrogancia en más de una ocasión. A Reinhold, además, no le gustaba la forma en la que se estaban haciendo las cosas. Herliggkoffer no era un alpinista, sino un organizador de la vieja escuela, y estructuró la expedición según el viejo método de rotación de equipos. El italiano opinaba que todo aquello de acarrear más y más material montaña arriba era una tontería, él era un ferviente defensor del estilo alpino y todo aquel porteo casaba mal con su filosofía. Ni qué decir tiene que no se guardó sus opiniones para sí.

Pero lo cierto es que el método poco elegante de Herrligkoffer funcionaba. A finales de junio los expedicionarios habían conseguido abrirse camino hasta los 7.346 metros, donde montaron el campo V, justo bajo una complicada canal conocida como corredor Merkl. Parecía que, después de todo, habría una oportunidad de hacer cumbre y los hermanos Messner se las arreglaron para situarse en el sitio correcto y en el momento preciso para aprovecharla. El día 26 ambos estaban en las tiendas del campo V, acompañados por el alpinista alemán Gerhard Baur, a la espera de recibir instrucciones del campo base. Al carecer de radio, dichas instrucciones iban a transmitirse de la forma más rudimentaria imaginable: si el parte meteorológico era bueno, Herrligkoffer lanzaría un cohete azul, lo que significaría que podían tirar hacia la cima; si era malo, lanzaría un cohete rojo y todo habría terminado.

Es aquí donde comienzan los malentendidos. El parte transmitido desde Peshawar era esperanzador, pero el cohete que lanzó Herrligkoffer era de color rojo. En el campo V, los alpinistas no podían creerse su mala suerte, estaban tan cerca de la cumbre y el cielo se veía tan azul…

En ese momento Reinhold saca a relucir (una vez más) su rebeldía y decide que parte hacia la cumbre sin más demora, con la idea de hacer un ataque rápido y estar de vuelta antes de que el tiempo empeore. A su hermano y a Baur les pide que equipen tras sus pasos el temible corredor Merkl para que él pueda descenderlo por cuerdas fijas a la vuelta.

Reinhold y Günther en el campo V.

Messner parte hacia la cumbre a las 2 de la madrugada, dispuesto a abrir el duro corredor a la luz de un frontal. Es un reto considerable, pero él está eufórico, cree que va a convertirse en el vencedor de la cara Rupal y que, además, lo va a lograr en solitario, igual que hiciera Herman Buhl, su mito de juventud, diecisiete años antes y en aquella misma montaña. Asciende rápido, se pierde al principio y duda, pero aún así sigue tirando hacia arriba, siempre hacia arriba, hasta que el amanecer ilumina la montaña y le confirma que está en el buen camino. Es más, ¡ha superado el corredor Merkl! Ya apenas le separan de la cima 300 metros de nieve.

Entonces, mientras descansa apoyado en el piolet, repara en una figura que progresa velozmente hacia él “en un ascenso rápido y seguro, como si estuviese tratando de recuperar tiempo”. No tarda en comprender que se trata de Günther. Su primera reacción, según confesará después, es de irritación. “¿Qué haces aquí?”, le espeta a su hermano en cuanto este llega a su altura. Al parecer, Günther tampoco había ido al Nanga para andar cargando pesos todo el día. Había comenzado a equipar la ruta, tal y como se le había dicho, pero de repente sintió el impulso de dejarlo todo y de escalar él también hasta la cima. A pesar de su airada reacción, Reinhold no puede reprochárselo, así que juntos continúan ascendiendo.

Llegan a la cumbre apenas una hora antes de que anochezca, igual que Herman Buhl en 1953.

La cara Diamir

La alegría les dura poco. La decisión impulsiva de Günther ha tenido una consecuencia muy desafortunada: el corredor Merkl no está equipado (Gerhard Baur, aquejado de dolor de garganta, también ha hecho dejación de sus obligaciones y se ha marchado al campo IV). Descenderlo sin cuerdas es extremadamente peligroso. Ahora, mientras los Messner barajaban sus opciones, la noche se les echa encima y ambos se ven obligados a vivaquear muy cerca de la cima, (una vez más, igual que su admirado Buhl en el 53).

La mañana siguiente los encuentra acurrucados el uno contra el otro, medio congelados y completamente exhaustos. Si unas horas antes destrepar el corredor Merkl sin cuerdas habría representado un riesgo enorme, en el estado físico en que han amanecido sería un suicidio. En un momento dado, muy de mañana, Messner ve y consigue hablar a gritos con Felix Kuen y Peter Scholz, que ascienden en un segundo ataque a cumbre por una línea algo separada de la que siguieron los Messner el día anterior. Incomprensiblemente, las dos cordadas no se entienden bien y los alemanes continuan su camino pensando que los dos hermanos no tienen ningún problema.

La cara Diamir del Nanga Parbat.

Pero las cosas van de mal en peor. Günther ha empezado a mostrar signos de mal de altura, tienen que descender sin demora. Al parecer, es el propio Günther quien propone descender por el otro lado de la montaña, por la cara Diamir, un terreno que ninguno de los dos conoce, que se sabe que es muy peligroso y donde no existe ninguna posibilidad de encontrar ayuda. Con todo, es una vertiente técnicamente más fácil que la Rupal y, desde luego, mucho más sencilla que destrepar el corredor Merkl…

Los dos hermanos comienzan su descenso hacia lo desconocido. Durante el resto del día y toda noche siguiente descienden dando tumbos por la cara oeste del Nanga. No tienen comida ni agua y no han podido descansar en más de 48 horas. Günther, además, hizo un esfuerzo enorme el día anterior para alcanzar a su hermano antes de que este llegara a la cima y ahora parece haber rebasado ampliamente su capacidad de aguante.

El segundo día de descenso (tercero desde el campo V) y con dos vivacs a sus espaldas, ya están cerca de la base de la pared. Entonces Reinhold, que va adelantado, escucha el ruido sordo de una avalancha que cae barriendo la ladera. Después, el silencio; y donde debía estar su hermano, ya no hay nada. Seis días más tarde unos pastores de Gilgit encuentran a Reinhold arrastrándose, demacrado, con una deshidratación severa y congelaciones graves en pies y manos. Era el vencedor de la cara Rupal, había hecho la primera travesía del Nanga, pero estaba a un paso de la muerte.

La polémica

A su regreso a casa, Reinhold no sólo tuvo que enfrentarse a la muerte de su hermano y a la pérdida de seis dedos de sus pies; también debió encarar las acusaciones de sus compañeros de expedición. Dos de ellos, Max von Kienlin y Hans Saler, aseguraban que, en su ambición por ser el primero en hacer cima y en realizar la primera travesía de la montaña, Messner había abandonado a su hermano a su suerte. El italiano siempre se mantuvo fiel a su versión, sin titubeos. El tema llegó incluso a los juzgados, se publicaron libros defendiendo una u otra versión y la polémica se alargó durante años, pero nadie, excepto el propio Reinhold, podía saber qué había pasado de verdad.

Von Kienlin (a la izquierda), se convirtió en uno de los opositores más feroces de Messner.

Messner volvió al Nanga cuatro veces más. La primera vez, en 1971, fue a buscar el cuerpo de su hermano; las siguientes, a ajustar cuentas con la montaña. En 1978, en su última visita, alcanzó una especie de remisión al convertirse en la primera persona que escalaba un ochomil completamente en solitario, desde la base hasta la cumbre, precisamente en la cara Diamir del Nanga. Todo lo que ocurrió después es historia del alpinismo: primer ochomil en estilo alpino, en el Gasherbrum I, con Peter Habeler; primera cima del Everest sin oxígeno, también con Habeler; primera a la misma montaña en solitario, sin oxígeno y por una ruta nueva; primera travesía con doble cima (Gasherbrum I y II) con Hans Kammerlander; y primer hombre en escalar los catorce ochomiles. Para mediados de los ochenta Messner ya era, con permiso de Kukuczka, el mejor alpinista de todos los tiempos. Pero lo que había ocurrido en el Nanga seguía persiguiéndole como una mancha.

Ahora sólo quiero que me dejen en paz. Los análisis demuestran que yo simplemente dije la verdad

En 2004 un guía de montaña sudtirolés llamado Hanspeter Eisendle encontró un hueso cerca de la base de la cara Diamir. Era un peroné. Messner acudió al lugar y consiguió sacar el hueso de contrabando para enviarlo a un laboratorio. Quería saber si pertenecía a su hermano, o tal vez al gran Albert Mummery, que había desaparecidoen 1895, precisamente en la misma zona. Los análisis de ADN revelaron que había muchas probabilidades de que se tratase de Günther. Al año siguiente, tras un verano especialmente caluroso, la montaña devolvió más restos. Eran huesos, algo de ropa, una bota… Esta vez los análisis fueron concluyentes y la versión de Messner quedó confirmada; no había abandonado a su hermano camino de la cima ni cerca de ella, sino que descendió con él casi toda la cara Diamir. “Ahora sólo quiero que me dejen en paz. Los análisis demuestran que yo simplemente dije la verdad”, declaró Messner. Quienes siguen dudando de su versión son ahora voces en el desierto. Los restos Günther descansan hoy en el cementerio familiar de Val de Funes. Reinhold por fin está en paz con el Nanga Parbat.

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