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George Mallory

Mallory e Irvine, la leyenda del Everest

Reportajes · 15/12/2018

En 1924 George Mallory y Andrew Irvine desaparecieron durante un desesperado intento de alcanzar la cumbre del Everest. ¿Lo consiguieron? Noel Odell, compañero de expedición, que observaba su progreso desde el campo IV, sostuvo hasta su muerte (en 1987) que sí. De haberlo logrado, se habrían adelantado en casi 30 años al primer ascenso oficial, el de Hillary y Norgay.

A comienzos del siglo en el que verían desaparecer su imperio y cederían la hegemonía mundial a otras naciones, los británicos aún estaban seguros de que les correspondería a ellos la gloria de ser los primeros en alcanzar los llamados tres polos (Polo Norte, Polo Sur y cumbre del Everest).

La llegada del norteamericano Peary al Polo Norte en 1909 y, sobre todo, la del noruego Amundsen al Polo Sur en 1912 fueron duros mazazos para el orgullo británico. Ya sólo quedaba un premio, la cumbre del Everest, e Inglaterra se propuso no dejarlo escapar. Así que después del paréntesis de la Primera Guerra Mundial, en 1920, el Alpine Club y la Royal Geographical Society formaron el ‘Mount Everest Committee’ para dar el impulso definitivo a la empresa y poner en marcha la larga aventura británica en el Everest.

George Leigh Mallory

George Mallory era, de acuerdo a los gustos de la época, algo parecido al inglés perfecto. Era un escalador formidable, estudió historia en Cambridge, formó parte de su célebre equipo de remo, frecuentó a los miembros del Bloombsbury Group, combatió en la batalla del Somme y, por si todo esto fuera poco, el tío era guapo y tenía un físico portentoso. No es de extrañar pues, que cuando en 1921 el ‘Mount Everest Committee’ puso en marcha la ‘British Mount Everest reconnaissance expedition’, dirigida a explorar las rutas de aproximación a la montaña a través del desconocido territorio del Tíbet (Nepal estaba cerrado a los extranjeros), Mallory fuera uno de los primeros alpinistas en ser invitados a formar parte del proyecto.

Aunque no era el líder nominal de aquella expedición, Mallory fue desde el principio el alma mater indiscutible de la empresa. Exploró el acceso a la montaña a través del glaciar de Rongbuk, descubrió y bautizó el Cwm occidental y estableció que la mejor ruta para escalar el Everst desde el Tíbet sería a través del collado norte, vía arista norte-noreste. ‘La British Mount Everest reconnaissance expedition’ no sólo fue un gran éxito cartográfico, también supuso el comienzo de la obsesión de Mallory por alcanzar la cumbre más alta del mundo.

Retrato de un joven George L. Mallory

Segunda expedición, primer intento

La primera oportunidad de intentar cumplir su sueño no se haría esperar. En 1922 los británicos volvieron al Everest y esta vez tenían la intención de hacerse con la cumbre.

Para escalar la montaña se escogió el llamado método polar o de asedio, desarrollado por Tom George Longstaff y basado en el que había utilizado Scott en el Polo Sur. Consistía en un sistema rotatorio de equipos que irían levantando campamentos a lo largo de toda la ruta a fin de que una o varias cordadas pudieran lanzar un eventual ataque desde algún punto lo más cercano posible a la cumbre. En adelante este sería el método estándar en escalada de ochomiles.

Foto de grupo de la expedición de 1921. Mallory está sentado a la izquierda.

También fue esta la primera expedición en afrontar un dilema que ha durado hasta nuestros días: el de la utilización de botellas de oxígeno. Por aquel entonces se desconocían por completo los límites de la capacidad de adaptación del ser humano a la falta de oxígeno; había quien sostenía que una persona no podía sobrevivir sin oxígeno artificial por encima de 8.000 metros y quien se empeñaba en que la cumbre debía ser conseguida ‘by fair means’, es decir, jugando limpio. Al principio Mallory, que era un esteta, defendió esta posición ‘deportiva’ vehementemente.

El primer intento de alcanzar la cima corrió a cargo de cuatro alpinistas entre los cuales figuraba Mallory. Ascendieron sin la ayuda de oxígeno embotellado y lograron alcanzar los 8.225 metros antes de tener que darse la vuelta. Aunque se habían quedado muy lejos de la cumbre, habían establecido un nuevo record de altitud mundial y fueron los primeros en comprobar el gran esfuerzo que requería caminar a semejante altura. Teniendo en cuenta que los equipos de oxígeno de la época rondaban los 15kg de peso, Mallory se reafirmó en su idea de que cargar con ellos no sólo sería antideportivo, sino también contraproducente.

Sin embargo, la siguiente partida en intentarlo, formada por otros tres alpinistas que sí se valieron de oxígeno embotellado apenas tuvo dificultades en romper aquel récord y situarlo nada más y nada menos que 100 metros más arriba y muchísimo más cerca de la cima en sentido horizontal. Mallory quedó impresionado por la efectividad de aquellas botellas que los sherpas llamaban ‘aire inglés’ y que realmente parecían compensar su propio peso. De forma muy pragmática, abandonó su postura purista y se convenció de que el éxito pasaba por la utilización de oxígeno embotellado.

Charles Bruce con un equipo de oxígeno en 1922.

Aún hubo un tercer tercer intento de alcanzar la cima en aquella expedición de 1922 pero terminó en tragedia cuando los alpinistas que iban en cabeza desencadenaron una avalancha que acabó con las vidas de siete porteadores.

Porque está ahí…

Mallory pasó el año 1923 dando conferencias sobre el Everest por todo Gran Bretaña y Estados Unidos. Quería interesar al gran público en el proyecto con la esperanza de que eso sirviera para conseguir financiación de cara a una nueva expedición. Fue precisamente durante una de esas conferencias en Estados Unidos, al escuchar la pregunta de un periodista “¿por qué escalar el Everest?”, cuando el inglés dio su clásica respuesta, tantas veces reproducida después: “Porque está ahí…”

Finalmente, en 1924, se puso en marcha una nueva expedición británica al Everest y, en esta ocasión, Mallory fue nombrado jefe de escaladores. Tenía ya 37 años y estaba convencido de que aquella sería su última oportunidad. A estas alturas no sólo había consentido en utilizar oxígeno para conseguir la cima; estaba dispuesto a arriesgarlo todo.

Andrew Irvine y George Mallory

Después de varias semanas de trabajo, el primer ataque a cumbre terminó en fracaso porque los porteadores de altura que acompañaban a Mallory y su compañero Charles Bruce decidieron darse la vuelta a mitad de camino. La segunda tentativa, en cambio, resultó muy esperanzadora. Un alpinista, Edward F. Norton, alcanzó la impresionante altura de 8.570 metros sin utilizar oxígeno artificial, es decir, más alto que once de los catorce ochomiles. Mallory supuso que con un poco de oxígeno Norton hubiera podido alcanzar la cumbre.

Hacia la cima

Como escalador jefe de la expedición, Mallory podía dar el siguiente paso como mejor le pareciese. Sorprendentemente, para su nueva tentativa de cumbre escogió a un joven sin mucha experiencia en alpinismo: Andrew “Sandy” Irvine. La razón de su elección hay que buscarla en el hecho de que Irvine fuese un genio manejando el complicado sistema de oxígeno, muy dado a fallar, y en que a esas alturas Mallory lo fiase todo al apoyo del aquellas bombonas. Cabe añadir que Alberto Zerain interpretó a Andrew Irvine para la recreación que Al filo de lo Imposible hizo de esta expedición en el año 2000.

Mallory e Irvine se preparan para su último intento de cima.

El 7 de junio Mallory e Irvine durmieron en el campo VI, a 8.170 metros, dispuestos a lanzar su ataque al amanecer. Noel Odell, geólogo y alpinista, subía detrás de ellos para esperarles a la vuelta y apoyarles en lo que fuera necesario. Al amanecer las nubes se habían cerrado en torno a la cima de la montaña, pero tal y como estaba previsto, los dos escaladores salieron del campamento equipados con sus pesadas mochilas de “aire inglés” y comenzaron a ascender. Odell, por su parte, dedicó la mañana a hacer estudios geológicos por los alrededores del campo VI. En un momento dado, hacia las 12:50, las nubes se abrieron un poco y, al mirar hacia arriba, pudo ver dos manchas encaramándose en el conocido como Segundo Escalón. Después de un momento, la niebla volvió a cerrarse y la visión se desvaneció.

Comienza el misterio

Nadie más volvió a ver a Mallory e Irvine con vida. Noel Odell aguardó su vuelta pacientemente e incluso escaló hasta los 8.200 metros en su busca, pero no encontró rastro alguno de los dos escaladores. Finalmente, el 11 de junio, descendió de la montaña y, pocos días más tarde, la expedición abandonó derrotada el valle de Rongbuk.

La historia de Mallory e Irvine causó tanta sensación como conmoción en Inglaterra. ¿Habían conseguido alcanzar la cima? Si Odell estaba en lo cierto, ambos escaladores debían de haber superado las mayores dificultades a una hora relativamente temprana y cabía la posibilidad de que hubieran llegado a la cumbre.

Tuvieron que pasar 29 años para que los británicos pudieran anotarse por fin la cumbre del Everest (si bien quienes la alcanzaron fueron un neozelandés y un nepalí). Lo hicieron por una ruta completamente distinta, pues para los años 50 las tornas habían cambiado y ahora Nepal era el país abierto y el Tíbet el territorio vetado a los extranjeros. El misterio de Mallory e Irvine seguía, pues, abierto; nadie sabía aún cómo era el Segundo Escalón ni qué había en el trecho que lo separa de la cumbre del Everest.

Es segundo escalón en la acutalidad, equipado con una escalera de aluminio.

Cuando en 1960, por fin, una expedición china completó la vía de Mallory, las dificultades que se encontraron fueron tremendas. El Segundo Escalón, ese que Odell aseguró que sus compañeros habían superado en poco tiempo, resultó ser un resalte de enorme dificultad. Chun Ying Hua, el escalador que consiguió superar aquel resalte, perdió todos los dedos de sus pies porque tuvo que descalzarse para poder escalar aquel grado de dificultad a 8.600 metros.

Por fin las pruebas parecían estar abrumadoramente en contra de la posibilidad de que Mallory e Irvine hubieran alcanzado la cumbre en 1924. Varios alpinistas muy respetados, como Reinhold Messner, declararon que era absolutamente imposible superar el Segundo Escalón con los medios de 1924. Se achacó la confusión al hecho de que Odell confundiera el Segundo Escalón con el primero y Mallory e Irvine pasaron a ser otra historia trágica más del Everest.

Hasta que se encontró el cuerpo de Mallory

En 1975 el chino Wang Hongabo aseguró haber visto el cadáver de un inglés cerca de la cumbre del Everest, pero a su vez él murió al día siguiente, víctima de una avalancha, sin determinar la posición exacta. En 1999, un año en el que nevó extraordinariamente poco, una expedición se encontró con un cadáver tendido boca abajo en mitad de la ladera norte, a 8.169 metros, muy lejos de donde había indicado Hongbao. Era el cuerpo de George Mallory, muy bien conservado. Tenía la tibia y el peroné rotos y su posición parecía indicar que había muerto tratando de detener una caída. Sus “descubridores” encontraron casi todas sus pertenencias con él, incluidas sus gafas de sol en el bolsillo del pantalón, lo que parecía indicar que había muerto ya de noche, posiblemente durante el descenso.

El cuerpo de Mallory tal y como fue encontrado

Pero faltaba algo. Cuando abandonó el campo VI, Mallory llevaba consigo una fotografía de su mujer que había prometido depositar en la cima; y esa fotografía no se encontró con su cuerpo. Así que Mallory descendió de noche y sin lo único que quería dejar en la cima… ¿había llegado a la cumbre del Everest en 1924? La historia volvió a coger fuerza.

Sólo existe una posibilidad de solucionar el enigma, y esa posibilidad pasa por encontrar el cuerpo de Irvine y la cámara que llevaba consigo. La desaparecida Kodak aseguró que, si se encontrase la cámara, tal vez sería posible revelar las fotos que se hubieran hecho con ella, incluyendo una hipotética foto de cima. Sin embargo, por más que se le ha buscado, nadie ha encontrado jamás a Irvine.

Los expertos siguen coincidiendo: es imposible que Mallory e Irvine fuesen los primeros en escalar el Everest en 1924. Pero eso no importa. Nos gusta pensar que tal vez lo consiguieron, que tal vez Mallory pudo culminar, cargado con sus botellas de cobre bruñido, aquella última aventura propia de la Inglaterra victoriana. Y queremos creerlo porque sería una historia increíble.

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