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zerain en el k2

La cima del K2 en solitario en la jornada más trágica de la montaña

Reportajes · 26/09/2017

Repasamos la escalada en solitario al K2 de Alberto Zerain el mismo día en el que 11 personas perdían la vida. Han pasado ya ocho años de aquel 1 de agosto de 2008.

“Cuando uno se plantea una expedición en solitario a una montaña como el K2 (8.611 metros), el guión de la escalada debe estar diseñado al detalle desde casa. El mío, todavía lo guardo grabado a fuego”. Así arranca el alpinista alavés Alberto Zerain el recuerdo de aquellos días de escalada en el Karakorum. Se acaban de cumplir ahora ocho años y la satisfacción de haber cumplido un sueño, se mezcla con la tristeza de haber sido también testigo indirecto de una gran tragedia. “Hice cima, el mismo día en el que 11 personas perdían la vida por un cúmulo de malas decisiones, mucha ansiedad por la cima y un exceso de exigencias a los sherpas que debían al mismo tiempo equipar la vía, abrir huella y abastecerles de oxígeno”.

Alberto decidió esperar un día más en solitario en el campo 3 de la montaña para evitar coincidir con las 40 personas que avanzaban a la vez hasta el último campo de altura. “Para mí esa decisión suponía alargar más el día de ataque a cima pero me garantizaba la paz de estar solo”. Al día siguiente, antes de que se despertaran el resto de montañeros, Zerain ya había alcanzado la cima. Incluso había ayudado a los sherpas a equipar todo el cuello de botella con cuerda fija. “Estaban tan desbordados que me ofrecí para ir el primero: abriendo huella y colocando la cuerda prevista para sus clientes”.

Los últimos 200 metros de la montaña los escaló en libre. Ya en la cima, de nuevo solo, disfrutó del paisaje, se acordó de los suyos y contempló inquieto el lento avanzar del resto de expediciones. “A ese ritmo se estaban condenando todos a la noche. No dejaban ni un metro sin equipar. Y hacer la cima así en una montaña como el K2 supone asumir demasiados riesgos”. Y así fue. Demasiados riesgos. Demasiadas condenas.

Alberto tuvo la suerte de que le acompañaran buenos amigos suyos durante toda la aclimatación y durante la escalada a la montaña vecina, el Broad Peak (8.051 m.). Y la sola presencia de sus compañeros consiguió que el fantasma del K2 desapareciera. “No puedo negar la tensión que me generaba cada día de mal tiempo porque era un día menos de expedición y una oportunidad menos de llegar a la cima de la gran pirámide de hielo”. Los días avanzaban, las escaladas con buena compañía también y tocaba centrarse en el K2.

La climatología de aquel agosto de 2008 no daba opciones de cima en el Broad, así que Zerain antes del último ataque decidió acercarse hasta el campo II del K2 para conocer el estado de la ruta, dejar provisiones para su ascensión en solitario y seguir controlando los nervios. “Esta decisión me permitió conocer a los que por allí andaban y, en especial, a los sherpas que ya vi que no paraban de trabajar”.

Alberto adelantó el ataque al Broad Peak sin éxito. “Me adelanté a las previsiones de buen tiempo porque no llegaban. Vi una posibilidad y me lancé”. Un fuerte dolor de cabeza hizo que se diera media vuelta. No quería quedarse sin fuerzas, prefería reservarlas para el K2. Así que a su descenso al campo base, aguantó ocho días de mal tiempo y decidió invertir todas sus fuerzas en el K2.

“Allí me encontré a todas las expediciones inquietas. Habían decidido reunir a todos sus sherpas para que en el menor tiempo posible equiparan la montaña, abrieran huella y les garantizaran subir hasta la cima en unos pocos días”. El problema de esta decisión estaba en que toda la responsabilidad quedaba en unos pocos sherpas que por el mal tiempo no habían podido adelantar el trabajo. “Se respiraba una ambiente de mucha ansiedad: los clientes de las expediciones por subir y los sherpas por llegar a todas las tareas pendientes”.

En el caso de Alberto, al ir en solitario, sólo dependía de sí mismo. “Tenía el guión en mi cabeza: debía ser solvente y autosuficiente en todo momento”. Así que decidió seguir su plan hasta que se asentaron todos en el campo 3, más de 40 personas. “Durante la noche hubo mucho ruido: entre el nervio de los sherpas y el de los clientes. Se respiraba un clima muy enrarecido”. Zerain decidió quedarse un día más a esa altura y dejar que el resto avanzara un campo de altura más.

Guardo un recuerdo especial de aquel día porque recuperaba mi sueño de escalar esta montaña y contemplaba el espectáculo de ver avanzar en hilera a todos los demás

A las 21.00 horas decidió emprender el ataque final a la cima. La noche era tan oscura que a la altura del campo 4 tuvo que esperar con paciencia a los primeros rayos del amanecer. “Junto a los sherpas decidí emprender el camino a cumbre. Equipaban tan lento que les pedí la cuerda para fijarla yo mismo, como si fuera un sherpa más”. Un poco más tarde, ya gozaba de las vistas de la cima: “Sol, grandes panorámicas y una muy buena temperatura”.

En el descenso, pasó al lado de las expediciones que avanzaban de manera torpe. “Los sherpas me felicitaron, me dieron las gracias por la huella y la colocación de la cuerda. Les advertí de la hora pero les daba igual, tenían la orden de seguir”.

Rápido descendió hasta el campo 4. Allí se encontró con un americano. Ignoró tanto a Alberto que decidió seguir su descenso desconcertado por el mal ambiente. “Después comprendí que ya habían fallecido dos y el desconcierto era tal que nadie hablaba con nadie”. Tras 21 horas de actividad, Alberto Zerain por fin se descalzaba en el campo 3, hervía agua y tomaba un té. “Más que cansancio, tenía muchísimo sueño”. Era el 1 de agosto de 2008.

Con el K2, Alberto Zerain cumplió un gran sueño montañero y también aprendió una gran lección: “Jamás dejes que la cima te ciegue”. Ese 1 de agosto de 2008, 11 personas perdieron la vida. La alegría tiñe todavía hoy el recuerdo de aquellos días de escalada con amigos en el Karakorum. “De haberme quedado en el campo 4 un día más podría haber ayudado en el rescate. O no, podría haber muerto yo también. Quién sabe dónde estaría ahora”. Quién sabe.

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