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Elementos de un huerto

Huerto urbano. La satisfacción de hacer las cosas despacio.

Reportajes · 15/12/2018

Cada vez más gente se anima a cultivar sus propias hortalizas en casa. El cultivo urbano no consiste en lograr la autosuficiencia total (si consigues cubrir el 100% de tu consumo anual cultivando en tu balcón, es que comes poca verdura); más bien se trata de pararse y, por una vez, hacer algo despacio, como se hacía antes, sin fertilizantes, sin artificios. Ahí es donde se encuentra la satisfacción. Bueno, ahí y en el hecho de degustar un tomate que SÍ sabe a tomate. ¿Te animas?

Decía John Seymour, uno de los padres del movimiento por la autosuficiencia que “[el autoabastecimiento] es el progreso hacia una nueva y mejor calidad de vida, hacia una vida más grata que el ciclo superespecializado de la oficina o de la fábrica (…). Una de sus mayores compensaciones es la alegría que nace de ver el desarrollo completo de cada tarea, desde sembrar el propio trigo hasta comer el propio pan”.

Obviamente, cuando escribió esto, John Seymour no tenía en mente un pequeño huerto en el balcón de casa (a no ser que pensase en una terraza de una hectárea en la que pudieran cultivarse cereales), sino que se refería a pequeñas granjas; tampoco hablaba de la horticultura como hobby, sino como forma de vida. Pero aún así hay algo muy interesante en su cita: La idea del autocultivo como válvula de escape y fuente de satisfacción.

Aunque Seymour escribió esto en 1979, su cita está hoy en día más vigente que nunca. Nuestra sociedad ya no cabe en la categoría de “ciclo superespecializado de la oficina o de la fábrica”, es mucho más que eso, es un mundo hiperconectado, ultrarrápido y donde la tecnología tiene categoría de Dios… pero, paradójicamente (o tal vez en consecuencia), también es un mundo en el que la gente hace cerveza en casa, construye muebles con palés y cultiva tomates en el balcón. Parece que hacer algo por uno mismo es hoy en día más necesario que nunca.

Cinco razones para convertirse en horticultor urbano

 Si eres de los que no comprenden por qué apagar el móvil y ponerse a plantar tomates en el balcón de casa es una buena idea, es posible que el autocultivo no sea lo tuyo. No pasa nada, hay muchas otras formas de evadirse y puede que un día hablemos de ellas. Pero si, por el contrario, hemos conseguido sembrar siquiera una mínima duda en ti, ahí van unas cuantas razones que quizá terminen por convencerte.

La primera ya la hemos comentado: cultivar algo es una gran forma de evasión. Vivimos en un mundo tan ajetreado que dedicar unos minutos a preparar un semillero, trasplantar unas matas, abonar la tierra o regar el huerto pueden ser actividades capaces de proporcionar una extraña paz. Pero hay algo más. Al contrario que otros entretenimientos, el autocultivo no tiene nada de inmediato; es decir, después de un buen rato trabajando en nuestro pequeño huerto no podremos decir que hayamos visto crecer nuestros calabacines y madurar nuestros tomates. No parece, por tanto, algo muy apasionante ¿no? Y sin embargo, es precisamente esa “lentitud” lo que convierte esta actividad en algo tan satisfactorio. No se trata de algo rápido, como pasarse la enésima pantalla del videojuego de turno; al contrario, es algo muy lento, que requiere su tiempo, un proyecto a largo plazo. Y en un mundo donde cualquier cosa está a un solo click de distancia, algo que se hace esperar resulta valioso.

Comes comida auténtica. Puede parecer una tontería, pero mucha gente no tiene ni idea de a qué sabe en realidad un tomate. Y donde decimos tomate podemos decir calabacín, lechuga… etc. La mayoría de las hortalizas y frutas que compramos en los supermercados han sido cultivados en invernaderos y, por lo tanto, sometidas a condiciones artificiales a fin de que crezcan rápido y tengan un color vistoso. No tienen nada de malo y, de hecho, pasan estrictos controles sanitarios, pero hay algo que no puede medirse en ese tipo de controles: el sabor. Por eso mucha gente se lleva una gran sorpresa cuando come por primera vez un tomate de temporada cultivado al sol y recién arrancado de la mata.

Aporta frescor. Una terraza bien surtida de vegetación aporta gran frescor a la vivienda. Al tener que situarse en fachadas orientadas preferentemente hacia el sur, las plantas absorberán gran parte de la radiación solar que, de otra forma, impactaría en la fachada y la recalentaría. Esta ventaja puede potenciarse si, en lugar de escoger variedades rastreras, nos decantamos por especies trepadoras. No sólo obtendrás más producto en menos espacio, sino que además “aislarás” mejor la vivienda.

Quedas como un señor (o señora). Nunca hay que desdeñar la satisfacción que produce el hecho de pronunciar una frase como: “Toma, llévate unos pimientos, que se me van a echar a perder”. Al fin y al cabo, a todos nos gusta que nos reconozcan nuestros méritos… Por otra parte, a no ser que llegues al nivel de maestro y aprendas a escalonar el cultivo para tener la cantidad de producto exacta que necesitas en cada momento, lo más habitual es que te encuentres cosechando de una sola vez una gran cantidad de un mismo tipo de hortaliza. Así que es posible que lo de regalar se convierta más una necesidad que una virtud. Pero oye, te lo van a agradecer igual.

A veces te cambia la vida. No son pocos los que han comenzado cultivando sus propios calabacines y, al descubrir la enorme satisfacción que produce hacer algo por uno mismo, se han lanzado a por otras metas. Fermentar cerveza (ahora está de moda la sidra), restaurar un mueble antiguo, fabricar jabón… ¡incluso reparar el coche! En una época en la que podemos acceder a todo el conocimiento de la humanidad desde el ordenador de casa, hay pocas cosas que no podamos conseguir con voluntad y un poco de maña.

¿Qué necesitas?

 Si ya te hemos convencido y estás decidido a convertirte en un horticultor de andar por casa, esto es lo que vas a necesitar:

Lo primero es espacio, que no es poca cosa. Un pequeño jardín sería perfecto, pero una terraza o una azotea son suficientes. El tamaño no es realmente importante, porque puedes instalar cajones de cultivo de sólo 1m2 y, si te lo montas bien, conseguir una cosecha respetable. Al fin y al cabo, ya hemos dicho antes que no se trata de olvidarse de ir al supermercado, sino de estar entretenido… Eso sí, la mayoría de las hortalizas necesitan unas cuantas horas de sol, por lo que lo ideal es que el lugar donde vayas a montar tu pequeño huerto esté orientado hacia el sur.

Una vez determinado el sitio, lo más seguro es que tengas que hacer una pequeña instalación. Lo que necesitas son uno o varios cajones de cultivo, que puedes comprar ya hechos, o bien construir tú mismo. Si estás cultivando en tu propio jardín, puedes saltarte este paso y cultivar directamente en el suelo, aunque tal vez si analizas la tierra descubras que no es la más idónea para cultivar nada, y entonces tendrás que corregirla. Puede parecer un problema menor, pero muchos expertos, aún disponiendo de terreno de sobra, prefieren construir parterres para poder cultivar sus hortalizas en un sustrato de su gusto.

Y es que en el sustrato está la clave. Una buena tierra de cultivo debe ser rica en nutrientes, drenar bien sin llegar a secarse, estar lo bastante suelta como para que las raíces reciban oxígeno, etc. Todo esto se logra mediante la mezcla de distintas clases de sustrato, de manera que cuando uno busca información al respecto por primera vez puede agobiarse un poco entre tantos tipos y medidas. Aún así, nosotros te recomendamos dedicar un tiempo a estudiar el tema antes de decidirte por una mezcla u otra, pues los resultados pueden mejorar mucho si das con la mezcla correcta.

Una vez que tengas tu pequeño huerto a punto, debes escoger si vas a partir desde semillas o si vas a trasplantar matas compradas en un invernadero. Tal vez para una primera experiencia lo ideal sean las matas, porque ver tu cajón de cultivo vacío durante días puede resultar un tanto exasperante al principio. Luego, si la experiencia te engancha, ya tendrás tiempo de experimentar con los semilleros.

A partir de aquí, la bibliografía y la información disponible en internet son tan extensas que te garantizamos que, al principio, una buena parte del tiempo que le dediques a tu huerto lo vas a pasar leyendo, cosa que nunca está de más. Algún día, tal vez, puedas fiarte de tu propia experiencia y actuar por instinto, como un buen agricultor de los de peto vaquero y sombrero de paja. Para entonces, esos tomates y esos pimientos ya te habrán cambiado la vida y sabrás por qué, a veces, es mejor hacer las cosas despacio.

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