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en el manaslu

El Manaslu humano

Reportajes · 24/07/2019

El hielo, la nieve y la roca no son lo único que uno encuentra cuando se dirige hacia la cima de del Manaslu. Antes de llegar allí, antes incluso de que las afiladas aristas o las escarpadas laderas sean siquiera visibles, es necesario atravesar lugares en los que los hombres viven desde hace siglos. Y lo hacen de muchas formas distintas.

El Manaslu, como el resto de las grandes montañas del Himalaya, es en realidad un lugar muerto, un yermo inmenso que, dicen, sólo pueden habitar ciertas deidades caprichosas. Por lo demás, no es posible vivir en este desolado mundo de hielo y roca durante demasiado tiempo; unas semanas, a lo sumo, siempre que se ansíe pisar su cima con la intensidad suficiente.

Sin embargo, mucho más abajo, aunque aún muy alto para cualquier europeo, en el fondo de los valles que circundan el macizo, hay varios pueblos que viven y mueren a la sombra de la montaña. Hablan lenguas distintas, mantienen costumbres diferentes y no llaman por el mismo nombre a los lugares en los que habitan. Y sin embargo, todos ellos conviven alrededor de la misma montaña.

Puede parecer extraño que un área geográfica tan reducida albergue semejante variedad cultural, pero no lo es tanto si pensamos en las formidables fronteras naturales que mantienen a unos pueblos apartados de los otros la mayor parte del año. Collados de cuatro mil metros, montañas el doble de altas y ríos que en primavera son imposibles de vadear favorecen el aislamiento. Es por eso que incluso hoy, en un mundo casi globalizado, cada uno de estos pueblos aún tiene una historia propia que contar.

Stupa Chum

Los Gurkhas, el pueblo guerrero

A principios del siglo XIX, cuando los británicos creyeron que podrían ampliar hacia el norte su zona de influencia desde la India, acabaron topando, cerca del macizo del Manaslu, con un pueblo que no compartía su entusiasmo: los gurkhas. En principio, una tribu de las montañas no parecía un gran obstáculo para el ejército más poderoso del mundo, pero los británicos descubrieron enseguida que aquella no era una tribu como las demás.

Los gurkhas se han considerado a sí mismos, desde su origen, una tribu guerrera. Para cuando llegaron los europeos, los gurkhas ya podían presumir de tener un pasado jalonado de hitos militares: habían frenado el avance del islam en Afganistán durante siglos, invadido a placer el Tíbet (que tuvo que pedir ayuda a China para deshacerse de ellos) y conquistado el reino de Nepal de punta a punta. Aún cuando para el siglo XIX habían perdido gran parte de su influencia, a los británicos les llevó dos años derrotarlos, no sin grandes esfuerzos, y cuando por fin lo lograron estaban tan impresionados por su coraje que inmediatamente comenzaron a reclutarlos como mercenarios para su propio ejército.

Desde entonces, los regimientos gurkhas han estado presentes allá donde el ejército británico ha entrado en acción. Y no sólo eso, sino que además han obtenido una cantidad tan desproporcionada de condecoraciones en cada conflicto que nunca han perdido el status de tropas de élite. Así pues, la flor y nata del ejército de Su Majestad proviene, aún hoy, de los valles del Mansiri Himal. Y algunos de ellos, como los gurkhas gurung, nacen prácticamente a la sombra del Manaslu.

Habitante Gurkha

Los Nubri, el pueblo del norte

Al norte del macizo, el río Burhi Gandaki fluye en un principio hacia el este, recorriendo el valle de Nubri, para después girar hacia el sur e ir a desaguar mucho más abajo, en el río Trishuli. Es en esta parte alta del curso del río donde viven los nubri, un pueblo de etnia mayoritariamente bhotia. Los bothia, como los sherpas, provienen del vecino Tibet, pero como llegaron en una oleada posterior, se consideran pueblos separados. La rivalidad entre ellos es legendaria, especialmente en todo lo que tenga que ver con trabajos en expediciones. Es un hecho poco conocido, cuando no interesadamente silenciado, que Tenzing Norgay, el hombre que, junto con Edmund Hillary, consiguió la primera ascensión al Everest, era bhotia de nacimiento, aunque sherpa por matrimonio. Y es que la frontera entre ambos pueblos es tan difusa que un bothia puede convertirse en sherpa, siempre que la comunidad sherpa lo reconozca como tal. Algo que, por otra parte, no es nada habitual. El trasvase, por cierto, no se da jamás en la otra dirección, pues ser sherpa tiene muchas ventajas en Nepal.

Los habitantes del valle de Nubri, sean bhotias o no, forman una comunidad cuya historia es mucho más pacífica que la de sus vecinos gurkhas, pero igual que ellos, se agarran con uñas y dientes a un terreno a todas luces demasiado duro para vivir. El pastoreo y la agricultura de subsistencia han sido su medio de vida durante siglos, pero el lugar es tan severo que el rendimiento de sus cultivos sólo alcanza para tres meses, por lo que desde antiguo han completado su actividad con el comercio entre Tibet, al norte y Arughat, al sur.

Pueblo Nubri

Tal vez por eso y porque el famosísimo circuito de trekking del “Manaslu Larkya La Pass”, transita por sus tierras, los nubri son un pueblo muy tolerante y abierto al mundo. Aunque no siempre fue así.

En 1953, después de que los japoneses lanzaran su primera tentativa de escalar el Manaslu, una serie de avalanchas cayeron desde la montaña y destruyeron el monasterio de Pung-Gyen en Samagaon. Murieron 18 personas. Al año siguiente, cuando los japoneses volvieron con la intención de asaltar la montaña, los aldeanos se enfrentaron a ellos con gran violencia.

Los consideraban responsables de haber ofendido a los dioses con sus irrespetuosas intrusiones en la montaña. Se da la circunstancia de que los nubri son budistas, pero al parecer, la ira de la naturaleza encaja mejor con la imagen de los terribles dioses de las montañas que con la pacífica imagen del mundo propia del budismo.

Aquel año nada pudo calmar a los habitantes del valle y los japoneses se vieron obligados a marcharse por donde habían venido. Hasta 1956 no fueron autorizados a volver a la montaña, cosa que sólo ocurrió después de que los “peligrosos extranjeros” efectuasen una generosa donación para reconstruir el monasterio. Aún así, la atmósfera seguía siendo tremendamente hostil y, después de conseguir la cima, los japoneses abandonaron el lugar a toda prisa. Nadie más volvió a intentarlo hasta quince años después.

Tal vez porque el famosísimo circuito de trekking del “Manaslu Larkya La Pass”, transita por sus tierras, los nubri son un pueblo muy tolerante y abierto al mundo. Aunque no siempre fue así

Los Tsum, el pueblo aislado

Al este del valle de Nubri, en un punto en el que la frontera de Nepal forma un saliente hacia el Tíbet, viven los tsum. El valle que habitan y que les da nombre está alejado de las antiguas rutas comerciales y los más modernos circuitos de trekking, lo que ha hecho de los tsum, también de origen tibetano, uno de los grupos étnicos más aislados de la zona.

Esto ha resultado en un dialecto y cultura propios, que han podido preservar intacto y a salvo de influencias foráneas. Y lo mismo ocurre con su patrimonio artístico, que es de una extraordinaria riqueza. En el valle de Tsum, las reliquias religiosas siguen intactas y en pie donde fueron colocadas hace siglos. Pero, tal vez, la muestra más patente de su aislamiento sea que los tsum aún practican la poliandria, es decir, el derecho de una mujer a tomar varios maridos; una costumbre que pervive en muy pocos lugares del mundo.

Poblado Tsum

Por otra parte, el hecho de que una parte muy importante de la población de Tsum asegure sin tapujos haber visto alguna vez al Yeti, da fe de que aquí, o bien las leyendas aún tienen fuerza de historia, o bien el lugar es tan aislado que el abominable hombre de las nieves lo ha escogido para retirarse de la mirada del mundo. Aunque los tsum, al parecer, aún pueden verlo.

En definitiva, el Mansiri Himal, o Manaslu Himal, o Macizo Gurka (todos ellos son el mismo lugar) es un destino que merece la pena visitar. Un lugar en la que la naturaleza es grandiosa y la cultura antigua y exótica. Un lugar lleno de vida, aunque esta esté muy jerarquizada: los hombres, las mujeres y los turistas abajo, los dioses y los alpinistas arriba. Y el yeti en algún lugar del valle de Tsum.

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