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Alberto Zerain

Alberto Zerain, al otro lado de la cuerda

Reportajes · 26/09/2017

El himalayista alavés cuenta con siete ochomiles escalados y una gran capacidad de resistencia que le ha llevado a realizar diferentes escaladas en solitario.

Repasamos sus principales escaladas cómo el ataque en solitario a la cima del K2, el intento al Everest por el corredor Hornbein y la arista Mazeno en el Nanga Parbat.

Al himalayista alavés Alberto Zerain (Vitoria-Gasteiz, 1961) todavía se le ilumina la cara cuando habla de Perú. Un país que descubrió con 21 años en 1981 atraído por su Cordillera Blanca, la sucesión de cimas que dan vida a los Andes y las posibilidades de vivir aventuras extremas en altura. Tan impactado se quedó de aquel primer viaje organizado con sus amigos, que regresó al año siguiente sólo con un billete de ida y una mochila. En aquel momento la montaña se convirtió en el motor de su vida. Ahora cuenta con siete ochomiles escalados, algunos de ellos en solitario en una auténtica demostración de fuerza y resistencia. Tal vez, la misma que desarrolló en aquellos años de exploración por los Andes. Y la misma fuerza y resistencia que espera aportar a Juanito Oiarzabal en el proyecto 2x14x8000 como compañero de cordada en las cuatro cimas que le faltan para repetir los 14 ochomiles por segunda vez. La próxima expedición ya está diseñada: el Dhaulagiri (8.172 metros) en primavera.

Tan sólo la situación política de Perú consiguió que Alberto Zerain regresara a casa. Eran los años 80, los años duros del grupo terrorista Sendero Luminoso y Zerain era uno de los pocos occidentales que se atrevía a seguir viajando por el país en busca de rutas extremas. Cuando se decidió a regresar, se encontró que todos los montañeros de Álava miraban a los ochomiles, las cimas de más de 8.000 metros. A pesar de la sencillez de las montañas que rodean a esta localidad vasca, en ellas se habían gestado las primeras expediciones al Himalaya del Estado y, en concreto, la primera que alcanzó escalar el Everest en 1980, cuando Martín Zabaleta gritaba “Tontorra”- cima en euskera- desde lo más alto. Así que Zerain no tardó en recibir propuestas de todo tipo para acompañar a otros montañeros totalmente seducidos por los ochomiles. En 1993 se incorporaba a una expedición alavesa al Everest (8.848 metros). Zerain no desaprovechó la oportunidad y alcanzó la cima de la montaña más alta del planeta. Cumplía un sueño y se convertía en el primer alavés en conseguirlo.

De forma natural, comenzó a participar en más expediciones al Himalaya. En la expedición al Makalu (8.465 metros) en el año 1995, coincide por primera vez con un Juanito Oiarzabal ya inmerso en la carrera por escalar las 14 cimas de más de ocho mil metros. Hace cumbre en solitario desde el campo tres, un día más tarde que Juanito. “Prefería quedarme a esperar a que todo saliera bien. Cuando salí al día siguiente a buscarles, comprobé que todos estaban fenomenal, así que me lancé también a subir hasta la cima”.

 

Después volvería a formar cordada con Juanito en el año 2000 en busca de la cima del Everest dentro del equipo de “Al Filo de lo Imposible”. En esta ocasión, Juanito ya se había convertido en el sexto hombre del mundo en escalar las 14 cimas más altas del Planeta. Ahora buscaba, repetir el Everest sin oxígeno. En esta ocasión, no pudieron alcanzar la cima.

 

Cima en solitario y testigo de la gran tragedia del K2 

Desde aquella aventura de juventud a Perú, para Alberto Zerain la montaña era el motor de su vida. El tiempo que no estaba escalando, trabajaba con su camión para impulsar la siguiente escapada. Y siempre en plena forma, entrenando duro. “Me considero de la vieja guardia: yo no entreno en gimnasios, a mí me gusta salir al monte”.

En 2008 hace cima en solitario en el monte K2 (8.611 metros), la pirámide de cristal, la segunda montaña más alta del Planeta y la considerada más mortífera por su elevado número de muertes entre los que intentan escalarla. El mismo día que hace cumbre Zerain, 1 de agosto, fallecen 11 personas, en lo que ha sido el día más trágico de la montaña. “Recuerdo perfectamente aquel día. Había organizado la expedición con dos buenos amigos. Quería aclimatar con ellos en el Broad Peak (8.047 metros) para después intentar el K2 desde el mismo campo base, dada su cercanía”. El mal tiempo propio de la cordillera del Karakorum, Pakistán, donde se encuentran estas dos cimas, anuló las posibilidades de seguir el plan previsto de escalada. Así que Zerain decidió poner a prueba su capacidad de resistencia y atacó el K2 desde el Broad Peak en busca de la última oportunidad. Tan sólo llevaba su mochila.

“En el campo tres ya me encontré un ambiente enrarecido: la gente sólo pensaba en su cima. Mucha gente, demasiadas ambiciones”. Cuándo todas las expediciones ponen rumbo al campo 4 para atacar desde allí la cima al día siguiente, Zerain decide pasar un día más en el campo tres descansando para intentar la cima desde esa altura en solitario. Y así fue. El 1 de agosto poco a poco adelanta a las expediciones y llega el primero a la cima abriendo huella en los últimos tramos.

En su descenso, ve que el día avanza y las expediciones continúan con su empeño de alcanzar la cima fuera ya de la hora prudencial. Y entre imprudencias, ambiciones y mala suerte, llegó la tragedia. Más de 11 personas fallecieron.

Días después Zerain escribiría en el diario de la expedición que “en estos lugares donde se dan cita las más extraordinarias y bellas montañas, los abismos más amenazantes y donde se esconden los desafíos más escalofriantes, el límite lo pones tú. La montaña se podrá reír del iluso que piensa, tras haber coronado una cima, que la ha conquistado y que su límite está por encima de cualquier cumbre. A personas que no saben frenar a tiempo por equivocación o por creerse superiores, la montaña tarde o temprano les detendrá, y si pueden volver a contarlo, agradecerán la enseñanza recibida”.

La vía más directa en la montaña más alta, el corredor Hornbein

Lejos de espantarle, la cara más dura de la montaña le enseñó a ser más prudente y a entrenar más duro para ganar en autosuficiencia. “Tenía que ser capaz de subir solo y bajar solo”. En 2010 intentó de nuevo el Everest por el corredor Hornbein en estilo alpino por una ruta directa de 3.000 metros verticales desde la base hasta la cima por su cara norte. Otra demostración de que seguía fascinado por la aventura, la soledad y el riesgo, como lo estuvo en los 80 cuando viajaba por Perú entre valles solitarios, nevados y ríos salvajes.

En esta ocasión, las avalanchas expulsan a Zerain de la pared más estética y difícil del Planeta. En su huída de los desprendimientos debe abandonar también el campo base y caminar más de 27 kilómetros con la mochila al hombro hasta ponerse a salvo. “Quise escalar la montaña más alta por su vía más directa y con el estilo más limpio: sólo con mi compañero y nuestras mochilas. La vía se convirtió en una trampa mortal por el viento, la nieve y las avalanchas… Tuvimos que regresar a casa tras 40 días de esfuerzos en vano”. Y no, nada fue en vano: los buenos recuerdos, la intensa experiencia y las nuevas lecciones, sirven ahora al montañero alavés para las nuevas aventuras. “Eso sí, ahora comprendo porque esta ruta lleva 20 años sin repetirse”.

La arista Mazeno del Nanga Parbat, la montaña asesina

Con la experiencia en el corredor Hornbein, Zerain buscó en 2011 escalar el Nanga Parbat (8.125 metros), la Montaña Asesina, por la arista Mazeno, a través de otro gran muro de 3.000 metros que continúa en forma de arista repleta de seitemiles hasta la cima a 8.125 metros. Otra gran ruta todavía sin realizar, con una arista de 13 kilómetros en forma de sierra que pone a prueba la capacidad de sufrimiento de cualquier cordada que cometa la locura de probarla. En esta ocasión, la locura seguirá con las señas de identidad de las anteriores: escalar en total autonomía, con el material necesario en la mochila que aporte rapidez al ataque y sólo dependa de sus fuerzas y las de sus compañeros para regresar con vida.

Y de nuevo la montaña se guardó la última palabra. Tras equipar los primeros campos de altura, encontrar incluso una ruta alternativa: equiparla y escalar más de 1.800 metros, el mal tiempo, la nieve y el hielo vuelven a obligarles a descender. No sin antes, probar la ruta Kinshofer que el mal tiempo también impidió. Así que con dos rutas intentadas, la impotencia de no poder luchar contra el tiempo y las ganas de quedarse más tiempo regresó Alberto Zerain a casa para entrenar de nuevo con fuerza, seguir soñando con las grandes montañas y disfrutando de los suyos hasta la próxima despedida.

La misma pasión, la misma resistencia y Juanito al otro lado de la cuerda

Ahora con Juanito Oiarzabal incorpora un nuevo reto a su vida: escalar las cuatro cimas de ochomil metros que le quedan a Oiarzabal para completar el 2x14x8000. “No basta ahora con contar con mi fuerza, ahora toca pensar bien la estrategia para que ascendamos los dos”. Y así pasan los días de Alberto Zerain: con la mirada puesta en el volante de su camión pero la mente en la ruta del Dhaulagiri, su próximo reto para esta primavera. El año pasado, se testaron de nuevo como cordada en el Broad Peak. El mal tiempo acabó con sus deseos de cimas.

Alberto Zerain ya no tiene los 21 años con los que viajó a Perú, pero sí la misma ilusión de entonces, tanto que le brillan los ojos cuando piensa en el proyecto. Sigue la expedición 2x14x8000 y descubre hasta dónde será capaz de llegar la fuerza y resistencia de Alberto Zerain con siete ochomiles en la mochila y Juanito Oiarzabal al otro lado de la cuerda.

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